Creo que fue en un momento de terrible desesperación adolescente, en el que con el pensamiento nublado -seguramente por un desamor- y con el ritmo del más reciente latido emocionado que dio mi corazón, me atreví a decir: "¿qué más da? si la vida es una sopa".
En ese momento sentí que había creado mi filosofía. Sí, MI filosofía. Que consistía en la simple idea de que la vida se me hacía como una sopa hecha de varios ingredientes: algunos, por separado, sabían terrible; otros no tanto, otros eran deliciosos, pero todos juntos, y con un delicado tiempo de cocción, podían hacer la mejor sopa ¡del mundo!
Así comencé a justificar mis victorias, mis fracasos, las carcajadas y lagrimas que fui experimentando... Todo era parte de una gran obra maestra de sabor y equilibrio: mi vida. Tan especial y única como yo, con los años, he querido que sea.
Y es esta la manera de invitarlos a probar Mi Sopa: escribiendo sobre ella...
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