Sunday, December 14, 2008

Siempre en DoRmingo

Remasterizado de la versión publicada en En Común hace algunos años.

Es domingo por la mañana, el rayito de sol que entra por el espacio entre las cortinas nuevamente te pega en el ojo que quedó fuera de la cálida protección de tu edredón God-Size de 80 kilos -aunque siempre amaneces con medio cuerpo descubierto-. Buscas tu queridísimo osito de peluche y se te rompe el corazón cuando lo encuentras debajo de la cama, a la altura de tus pies, ignorando las misteriosas razones por las que está ahí pues recuerdas haberlo abrazado fuertemente cuando te dormiste.

Te levantas de la cama para ir al baño y en el camino te encuentras con todo tipo de obstáculos que bien puedes clasificar por reinos, usos, colores, tamaños, antigüedad, peso e intensidad de dolor que te provocan al pegarte con ellos en el dedo chiquito del pie derecho (que irónicamente es el de la buena suerte).

Regresas a tu cuarto. Vas hacia la ventana, pero justo cuando pretendes abrirla para dejar entrar un poco de luz, escuchas a tu mamá gritando que, por ser domingo, tienes que arreglar todo tu "tiradero". Entonces, sería un crimen exhibir tu morada en tales condiciones, pero la abres argumentando que tus vecinos seguramente tampoco viven en un palacio. Después de pensarlo un poco (con una hora de diversión dominical de caricaturas y una dotación de coloridos cereales en un tazón con leche), consideras que sería oportuno asear tu cuarto... siempre es bueno entrenarse en los menesteres del hogar.

Ya entrado en tus quehaceres, encuentras las llaves que habías perdido -y de las que ya habías sacado copia-, colgadas de un clavito que está detrás de tu puerta; mismo del que pendían cinco toallas diferentes, con las que te secaste durante la semana. También encuentras la chamarra que te pusiste el lunes pasado y que querías usar en el reven del viernes cuando saliste con tus amigotes. Eso sí, la hallas debajo de 10 kilos de ropa sucia y junto a la maleta en la que guardas tu equipo deportivo, que ahora funge de contenedor de 20 libros, 3 bonches de hojas de diversos colores y tamaños y 5 revistas (valores aproximados). Es cuando te das cuenta que la arqueología no debe ser tan aburrida como parece.

Después de tres horas de intensa labor, recuerdas que tu equipo favorito de futbol jugaba ese día... pero ¡el partido ya terminó! Buscas el resultado final en todos los canales nacionales, internacionales y extraterrestres pero es la hora en la que la televisión se inunda de comerciales de cerveza, frituras, pañales de bebé y bebidas (¡como si los bebés fueran parranderos y alcohólicos!) Además de los típicos programas en los que resumen los capítulos de algunas series o novelas... pero no hay UN SÓLO comentarista que pueda informarte cómo quedó el marcador.

La exhaustiva búsqueda ha despertado tu apetito: es domingo y no hay nada caliente, saludable, fresco o nutritivo que puedas comer, a menos que llames a los teléfonos de los restaurantes que amablemente cooperaron con el tapizado de tu refrigerador con un imán decorativo, que luce un poco patético. Llamas. Ordenas y en menos de 3 horas -si tienes suerte- estás disfrutando de tus sagrados alimentos que no tienen nada de saludables, frescos, nutritivos o calientes.

Ya cuando los grillos comienzan a dar serenata, te topas casualmente con tu agenda y la revisas inocentemente... ¡oh descubrimiento! no has hecho el trabajo que debiste hacer hace dos semanas, no tienes información, ninguno de los de tu equipo contesta en su casa ni en su celular y de no hacer ese trabajo, tu destino sería muy trágico. Sólo un milagro podría salvarte... inconscientemente das vuelta a la hoja y lees: Lunes - Asueto.

¿Milagro? ¿casualidad? ¿o una simple excepción al Siempre en DoRmingo?

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